La familia de la tele": entre el prejuicio y el derecho a divertirse
**"La familia de la tele": entre el prejuicio y el derecho a divertirse**
A diferencia de muchos, a mí sí me gusta *La familia de la tele*, y no tengo problema en que se financie con mis impuestos. Las críticas hacia el programa parecen basarse más en ideas preconcebidas que en argumentos sólidos.
### **Servicio público vs. nostalgia televisiva**
Algunos detractores exigen que la televisión pública cumpla con un "servicio público", pero lo equiparan erróneamente con un modelo anticuado, rígido y alejado de la realidad actual. La televisión ha evolucionado, y lo que funcionaba hace décadas no necesariamente conecta hoy con el público.
Un grupo de 132 antiguos empleados de RTVE ha tachado el programa de "perjudicial para la imagen de la televisión pública", cuestionando su calidad y sus colaboradores. Sin embargo, muchas de estas críticas surgen sin haberlo visto o, peor aún, desde una postura claramente sesgada. La indignación parece más teatral que fundamentada: *"¡Gente de Sálvame en la pública! ¡Telebasura!"*. Curiosamente, los mismos que se escandalizan son capaces de consumir otros contenidos sin tanto revuelo.
### **El entretenimiento también es servicio público**
El entretenimiento salva vidas. Lo comprobamos durante la pandemia, cuando la televisión se convirtió en un refugio emocional para millones. La cercanía, el humor y la desconexión son igual de necesarios que los debates serios. No todo puede reducirse a programas políticos o informativos; la variedad es esencial en una parrilla televisiva.
Además, *La familia de la tele* incluye secciones divulgativas sobre salud, ecología o nutrición, demostrando que el entretenimiento no está reñido con lo educativo. Pero algunos críticos, en su elitismo, parecen olvidar que la televisión pública debe llegar a todos, no solo a unos pocos.
### **¿Quién decide cómo gastar los impuestos?**
La queja recurrente de *"¡Esto se paga con mis impuestos!"* resulta simplista. Los presupuestos de RTVE cubren desde informativos hasta programas culturales, deportivos y de entretenimiento. Si a alguien no le gusta este programa, que sepa que hay otros que sí disfruto y que también se financian con fondos públicos. La televisión pública es de todos, y eso implica diversidad, no uniformidad.
Es cierto que *La familia de la tele* no arrasa en audiencia, pero los programas necesitan tiempo para encontrar su ritmo. La historia de la televisión está llena de ejemplos que empezaron con cifras discretas y terminaron triunfando.
### **¿Doble rasero en las críticas?**
Llama la atención que se critique a *La familia de la tele* por su tono desenfadado, mientras otros programas que mezclan información y humor (como *El intermedio* o *Zapeando*) son aceptados sin problemas. ¿Por qué este sí y aquel no?
Tampoco es un programa perfecto, pero ¿cuál lo es? Incluso *Sálvame*, con sus excesos, revolucionó la televisión con su espontaneidad y cercanía. Hoy, muchas producciones beben de ese estilo.
En definitiva, las críticas a *La familia de la tele* parecen más un rechazo al cambio que un análisis objetivo. La televisión pública debe ser plural, y eso incluye espacio para el entretenimiento. Si no es de tu gusto, siempre puedes cambiar de canal. Pero no impongas tus preferencias como única opción válida.
